China and MexicoThe following is a guest post by Adrián Cisneros Aguilar.* A Spanish language translation is directly below the English version.

Mexico and China have never had particularly close economic ties. But recent comments by Qiu Xiaoqi, China’s Ambassador to Mexico, suggest things may be about to change. After referencing President Trump’s threat to reject the TPP and renegotiate NAFTA, Ambassador Qiu stated that China would be Mexico’s “ally in Asia” and was “willing to redouble efforts … to boost the development of relationships in the coming years.” These statements followed Chinese President Xi Jinping presenting the China-led Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP) as an alternative to TPP, and making state visits to Ecuador, Peru and Chile.

Mexican media seized upon Ambassador Qiu’s statements as evidence of a new era of Sino-Mexican friendship, particularly in light of the perceived hostility toward Mexico from President Trump. So-called “China consultants” in Mexico have also tried to capitalize, promoting their events with slogans such as: “if Trump erects a wall, China extends you a bridge.” Chinese oil companies have made no secret of their desire to participate in Mexico’s petroleum industry. And meaningful high-level meetings are taking place between the Chinese and Mexican governments Last month, State Councillor Yang Jiechi, met with then-Minister of Foreign Relations Claudia Ruiz-Massieu to resolve lingering issues relating to ill-fated Chinese projects in Mexico such as the Mexico City-Queretaro high-speed railway and the Dragon Mart Cancun, and discuss the adoption of an ambitious joint action program. As a major Mexican newspaper pointed out: “everything points to a good flirtation between Mexico and China.”

In part, this flirtation is driven by Mexicans’ fear that Donald Trump may seriously curtail access to the U.S., their largest market. Even some of my most open-minded clients have started talking about closing their accounts in the US and including China as part of their international strategy. Regardless of whether they’ve previously done business with or in China.

I am of course bothered by the trajectory of current events in the United States, but at the same time I don’t see much clear thinking about what China really wants from Mexico, and whether the kinds of ties proposed by China are really strategically sound for Mexico. China’s recent statements unsettle me for the following reasons:

  1. They assume Mexico is desperate for a new trading partner to hedge against losing access to the U.S. economy; that is, without the U.S. the Mexican economy is doomed.
  2. They assume Mexico requires another country to be its protector. Our economy may not be a juggernaut, but neither is it in dire straits. Many of our recent problems stem from the dramatic devaluation of the Mexican peso versus the US dollar after the presidential election.
  3. They improperly frame the current debate as a choice between the US and China. I am a firm believer in regional integration, particularly with China and other Asia-Pacific countries, because I think it makes Mexican companies more productive and more competitive. But President Xi’s and Ambassador Qiu’s statement that Mexican companies ought to turn to China only because the US is closing is wrongheaded. It should be in Mexico’s interest to go to China regardless of what happens with the U.S.
  4. They play upon Mexico’s inability to think beyond absolute terms: everything is either a “threat” or an “opportunity.” A more rational approach accepts that every bilateral relationship has ups and downs. But when the Mexican government states that “whatever Mexico and China achieve in their trade relationship will be the starting point for a new world economic order” and that the inauguration of President Trump “represents both the need to set new horizons and reinforce new paths [to] face this threat” (emphasis mine), we fall back on hyperbole when we should be confronting the true implications of making deals with China and the U.S.
  5. They are simply not based in reality. My own experience, which I see reflected in many pieces here on the China Law Blog, is that it is becoming more difficult to do business in and with China. Mexico’s trade deficit with China is almost  insurmountable, and investment flows between Mexico and China are virtually non-existent and show no signs of improving. Language and cultural barriers make it difficult for Mexicans and Chinese to follow each other’s laws and regulations, as do “unwritten” rules necessary to conduct business. And misconceptions prevent both Mexican and Chinese companies from realizing the full spectrum of business opportunities in the other’s market.

In my next post, I’ll take a closer look at the current economic relationship between Mexico and China.

 

*Adrián Cisneros Aguilar is the founder/CEO of Chevaya (驰亚), an Asia-Pacific internationalisation services company. Adrián has a Doctor of Laws from Shanghai Jiao Tong University and an LL.M. in International and Chinese Law from Wuhan University.

 


México y China nunca han disfrutado de lazos económicos especialmente estrechos. Pero, recientes declaraciones del Embajador de China en México, Sr. Qiu Xiaoqi, llevan a pensar que la situación está a punto de cambiar. Tras hacer referencia a la amenaza del Presidente Trump de rechazar el TPP y renegociar el TLCAN, el Embajador Qiu declaró que México tendría en China “un aliado en Asia”, y estaría dispuesta a “aumentar esfuerzos…para inyectar nueva energía en el desarrollo de estas relaciones en los próximos años.” Estas declaraciones siguieron a la presentación, por parte del Presidente Xi Jinping, del Acuerdo Comprehensivo Económico Regional (RCEP), liderado por China, como una alternativa al TPP, así como de visitas a Ecuador, Perú y Chile.

Los medios mexicanos tomaron las declaraciones del Embajador Qiu como la prueba de una nueva era en la amistad Sino-Mexicana, en especial a la luz de la percibida hostilidad hacia México de parte del Presidente Trump. Los supuestos “consultores sobre China” en México han tratado también de sacar partido de esto, promoviendo sus eventos con eslóganes como: “si Trump levanta un muro, China te tiende un puente.” Las petroleras chinas no han ocultado su deseo de participar en el sector de hidrocarburos de México. Y, reuniones significativas de alto nivel han tenido lugar entre los gobiernos de China y México. El mes pasado, el Consejero de Estado, Sr. Yang Jiechi, se reunió con la entonces Canciller, Sra. Claudia Ruiz-Massieu para resolver desencuentros pendientes en relación a proyectos fallidos chinos, tales como el tren de alta velocidad CDMX-Querétaro y el Dragon Mart Cancún, así como discutir la adopción de un ambicioso programa de trabajo conjunto. Como señaló un importante periódico mexicano: “todo indica que hay un buen coqueteo entre México y China.”

En parte, este coqueteo es impulsado por el miedo de los mexicanos a que Donald Trump restrinja el acceso los EE.UU., su más grande mercado, lo cual ha causado que muchas empresas del país incluyan a China en su estrategia internacional, en buena medida para cubrir sus apuestas respecto a los Estados Unidos.

Aun cuando estoy molesto por el curso actual de los acontecimientos en EE.UU., no veo mucho análisis objetivo acerca de lo que China realmente quiere de México, como tampoco estoy seguro de si la clase de lazos que China propone son estratégicamente adecuados para el país. Las recientes declaraciones de China me incomodan por las siguientes razones:

  1. Porque dan por sentado que México está buscando desesperadamente un nuevo socio comercial para resguardarse frente a la pérdida de acceso a la economía estadounidense. En otras palabras, que la economía de México está perdida sin los EE.UU.
  2. Porque asumen que México necesita de otro país para protegerlo. Nuestra economía no estará boyante, pero tampoco se encuentra en tantos apuros. Muchos de nuestros problemas recientes se derivan de la dramática devaluación del peso mexicano frente al dólar americano, tras las elecciones en ese país.
  3. Porque categorizan erróneamente al debate actual como una elección a hacerse entre México y China. Yo soy un firme creyente en que México debe integrarse con China y otros países de Asia-Pacífico, pues creo que ello volverá a las empresas mexicanas más productivas y competitivas. Sin embargo, el discurso del Presidente Xi y del Embajador Qiu respecto a que las empresas mexicanas deberían voltear a China solamente porque EE.UU. se está cerrando para ellas es equivocado y obstinado. Debería ser en interés de México que éste se acerque a China, independientemente de lo que ocurra en los EE.UU.
  4. Porque juegan con la incapacidad de México de pensar más allá de términos absolutos: todo es ya sea una “amenaza” o una “oportunidad.” Un enfoque más racional acepta que toda relación bilateral tiene sus altas y bajas. Pero, cuando el Gobierno mexicano declara que “lo que China y México logren hacer en su relación comercial será el punto de partida para un nuevo orden económico mundial” y que la toma de posesión del Presidente Trump “representa al mismo tiempo la necesidad de plantear nuevos horizontes y reforzar ante esta amenaza nuevos caminos” (énfasis añadido), seguimos cayendo en lo mismo, cuando deberíamos estar enfrentando las verdaderas implicaciones de hacer tratos con China y EE.UU.
  5. Porque simplemente no están fincadas en la realidad. Mi propia experiencia –y que veo reflejada en muchos de las entradas aquí en el China Law Blog– es que se está volviendo más y más difícil hacer negocios en y con China, y que las empresas que tienen éxito en este sentido son aquéllas que proceden con cautela. El déficit comercial de México con China es casi insuperable, mientras que los flujos de inversión entre ambos países prácticamente no existen y no muestran signos de aumentar. Las barreras de lenguaje y culturales dificultan a mexicanos y chinos el cumplimiento de la legislación del otro, así como de las “reglas no escritas” necesarias para hacer negocios. Finalmente, conceptos erróneos impiden a las empresas de ambos países visualizar el espectro completo de oportunidades de negocio en los mercados de cada país.

En mi próximo post, echaré un vistazo más a detalle a la situación actual de la relación económica entre México y China.

 

Adrián es fundador/Director Gral. de Chevaya (驰亚), empresa de servicios de internacionalización en Asia-Pacífico. Con experiencia práctica y teórica en China, Adrián es Doctor en Derecho por la Universidad Jiaotong de Shanghái y Maestro en Derecho Internacional y Chino por la Universidad de Wuhan, siendo el primer mexicano en obtener estos grados en China